A Agustín Ibarrola

Gabriel Celaya (de lo que faltaba, 1967)

Pues bien: hablando en vasco, es decir, sin engaños, saludo tu pintura

directa y fresca, brusca como los adelantos que de tanto me curan.
Saludo el violento sentido consagrado de nuestra metalurgia
y los hechos obreros que tú pones en alto contra la fuerza oscura.
Saludo la evidencia como saludo al canto que grita y no murmura.
Aquí están ordenadas las fuerzas del trabajo,
aquí el hombre que muda los valores reales,
no la Bolsa bailando, abstracta en su locura.
Estos hombres que pintas, reales y compactos, como la luz es dura,
como el cuerpo recorta su volumen y el acto directo en una pura
emergencia del hecho dado cotidiano devuelven la luz diurna.
Aquí están. Tú los muestras. Sencillos. Siempre en alto.
Y su ser es denuncia.